lunes, 26 de octubre de 2009

Mas allá del bien y del mal: Eduardo Mateo es Dios



Eduardo Mateo fue uno de los músicos más influyentes de la música uruguaya. Desarrolló un estilo muy personal e inimitable de cantar y de tocar la guitarra y exploró mundos nuevos con sus músicas y sus letras. Nació en 1940 en Montevideo. Ya en su infancia tomó contacto con el candombe, la murga y la música popular carioca. Aprendió, con familiares y amigos, a tocar diversos instrumentos de percusión, cavaquinho y guitarra. A principios de los años ´60 ya era un respetado guitarrista profesional y un intérprete de bossa nova con pocos iguales en el mundo. Pero progresivamente fue asimilando otras influencias, especialmente la de los Beatles, que lo llevaron a agarrar la guitarra eléctrica y desarrollar una carrera roquera. Junto a Ruben Rada fundó el grupo El Kinto en 1967.



Junto a Ruben Rada fundó el grupo El Kinto en 1967. El Kinto fue uno de los primeros conjuntos pop uruguayos en adoptar el castellano y sentó las bases del candombe-beat (la fusión de candombe con rock que hasta hoy mantiene su plena vigencia). La propuesta de El Kinto se amplió en las Musicasiones, una serie de cuatro happenings multimedia coordinados por Mateo y Horacio Buscaglia en 1969. A partir de 1970 Mateo se lanzó en carrera solista.



La década del ´70 estuvo marcada por una acentuación de su personalidad difícil, de envolvimiento con drogas, de sospechas de locura, de un estilo de vida que lo apartó de la posibilidad de una carrera regular y con frecuencia lo mantuvo al borde de la miseria material. Por otro lado, Mateo siempre fue intransigente y aventurero en lo estético, y en el momento en que el gran público empezaba a digerir su música, él ya se salía con un estilo distinto y aún más extraño que el anterior. El período dictatorial, además, llevó a que, por reacción, la dimensión política y el estilo dicho folklorista asumieran la preponderancia en la canción popular uruguaya, llevando al segundo de los movimientos llamados "Canto Popular". Mateo nunca fue plenamente integrado por esa corriente, manteniéndose apartado, por lo tanto, del círculo más "prestigioso" de la cultura uruguaya de entonces. Sin embargo, nunca dejó de ejercer una influencia "subterránea" entre músicos. Terminado el período dictatorial, su "ideología musical" ocupaba un buen puesto en la escena montevideana y muchas de sus idiosincrasias ya eran aprovechadas, aquí y allá, como elementos integrados al patrimonio musical uruguayo común, como si fueran "géneros" tradicionales. Fue revalorizado y, ya años antes de su fallecimiento en 1990, era unánimemente reconocido como una figura fundamental de la música nacional.



La obra de Mateo es demasiado variada para ser sintetizada. Mateo incursionó en extremos de sencillez y complejidad, tuvo etapas estrictamente acústicas y otras en las que exploró un sonido "tecno". Nunca tuvo pruritos en fusionar los géneros más diversos, mezclando jazz y rock con candombe y milonga y con influencias árabes, hindúes, africanas, brasileñas, españolas, caribeñas y de la música erudita (es de notar que realizó ese tipo de fusiones ya a finales de los ´60, unos veinte años antes de que se pusiera de moda la World Music).




La mayoría de sus creaciones se ubican en el terreno de la canción popular, entre el entretenimiento y la autoexpresión, pero muchas obras suyas de sus últimas etapas (su período "Máquina del Tiempo") reflejan una búsqueda de trascendencia de la dimensión meramente comunicativa, internándose en terrenos de filosofía cósmica que lindan con lo religioso y lo místico.


Texto: Guilherme de Alencar Pinto

sábado, 5 de septiembre de 2009

Magic time

Ayer fuimos a cenar a don trigo,de casualidad, podríamos haber ido hoy o mañana, pero decidimos ir ayer.

Entramos y veo en la primera mesa a Rada de espectador, y vi una batería armada y dije bueno, creo que hoy ligamos con el espectáculo. Ahí conversando estaba Urbano Moraes y cuando se sube la banda veo que esta se completaba con un guitarrista que no se el nombre de ignorante que soy nomás, pero que la destruyó y con Osvaldo Fattoruso en la batería.

Waaachiwow.

Tocaron una primera pasada de canciones increíbles y con una calidad musical de elite. Cortaron unos minutos y en la segunda pasada arrancaron a tocar "Mejor me voy" de Eduardo Mateo.

Miro a la mesa de Rada y veo que estaba tarareando muy compenetrado la canción, pensé, si se sube está tocando Opa en vivo para nosotros, unas 60 personas, me muero...., y no va y pide micrófono el negro? Se para y arrancan de nuevo a tocar esto:







simplemente me morí....

jueves, 20 de agosto de 2009

Copy-paste: fotografías de José Cúneo

José Cúneo Perinetti
(Montevideo, 11 de setiembre de 1887 - Bonn, Alemania, 19 de julio de 1977)


-1907 - estudia en Turín en el taller de Anton María Mucchi
-1911/1917 - estudia respectivamente en la Academia Vity y en la Grande Chaumiere de París
-Vive en Europa desde 1917 y 1930
-A partir de 1930 se radica en el interior del Uruguay, en las ciudades de Florida y de Melo, donde realiza la serie de ranchos, lunas y acuarelas del campo uruguayo que caracterizan su obra.



* La obra de Cúneo está integrada por un conjunto de series.

* Durante largo espacio de su obra, Cúneo se aparta en la creación de su ritmos de la certeza de verticales y horizontales, componiendo sólo a base de diagonales más aptas para traducir un mundo de inquietudes y temores.

*Cúneo ha usado desde entonces para sus futuras series de "Ranchos" y "Lunas",las diagonales, con voluntad y rigor de lucha contra el equilibrio estético.

*Vuelto de aquel viaje a Europa, el pintor pasa un alarga temporada en la campaña de Florida realizando una serie de cuadros sobre temas de los rancheríos, los ranchos de terrón y paja brava, la miserable vivienda del paisano criollo que emerge del terreno como un accidente de la misma tierra.

*Cúneo tomó la luna poética de Julio Herrera y Reissig (cuyos versos prologan la primera exposición de esa serie) y la llevó a la plástica, extrayendo de ella tonos cobrizos y blancos rodeados de azules y verdes intensos, a veces estupendamente profundos. El expresionismo y el superrealismo europeos, testigos intelectuales y actuantes en las guerras universales, multiplicaron los temas de la destrucción y de la violencia (...) Cúneo por su parte se refugió en la luna poética, la blanca luna americana incontaminada de guerras impuras, la luna que envuelve con su luz callada y acariciante.






Foto ampliada de José Cuneo
Suburbios de Florida - 1931




Foto ampliada de José Cuneo
Luna Nueva, 1933





Jose Cuneo: Paisaje lunar
Paisaje Lunar - Museo Blanes, Montevideo






















Trabajando en su casa de Montevideo - 1952




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FUENTES:
  • http://www.mnav.gub.uy/cuneo.htm
  • http://www.rau.edu.uy/uruguay/cultura/cuneo.htm
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_C%C3%BAneo_Perinetti
  • http://www.artemercosur.org.uy/museos/uruguay/cun.html

jueves, 13 de agosto de 2009

El negro jefe

1950 Río de Janeiro (De "Memoria del fuego" - Eduaro Galeano – 1986)

Viene brava la mano, pero Obdulio saca pecho y pisa fuerte y mete pierna. El capitán del equipo uruguayo, negro mandón y bien plantado, no se achica. Obdulio más crece mientras más ruge la inmensa multitud, enemiga, desde las tribunas.
Sorpresa y duelo en el estadio de Maracaná: el Brasil, goleador, demoledor, favorito de punta a punta, pierde el último partido en el último momento. El Uruguay, jugando a muerte, gana el campeonato mundial de fútbol.
Al anochecer, Odulio Varela huye del hotel, asediado por periodistas, hinchas y curiosos. Obdulio prefiere celebrar en soledad. Se va a beber por ahí, en cualquier cafetín; pero por todas partes encuentra brasileños llorando.
Todo fue por Obedulio -dicen, bañados en lágrimas, los que hace unas horas vociferaban en el estadio-. Obedulio nos ganó el partido.
Y Obdulio siente estupor por haberles tenido bronca, ahora que los ve de a uno. La victoria empieza a pesarle en el lomo. El arruinó la fiesta de esta buena gente, y le vienen ganas de pedirles perdón por haber cometido la tremenda maldad de ganar. De modo que sigue caminando por las calles de Río de Janeiro, de bar en bar.
Y amanece, bebiendo, abrazado a los vencidos.





Obdulio (De "El fútbo a sol y sombra" - Eduardo Galeano)

Yo era chiquilín y futbolero, y como todos los uruguayos estaba prendido a la radio, escuchando la final de la Copa del Mundo. Cuando la voz de Carlos Solé me transmitió la triste noticia del gol brasileño, se me cayó el alma al piso. Entonces recurrí al más poderoso de mis amigos. Prometí a Dios una cantidad de sacrificios a cambió de que Él se apareciera en Maracaná y diera vuelta el partido.

Nunca conseguí recordar las muchas cosas que había prometido, y por eso nunca pude cumplirlas. Además, la victoria de Uruguay ante la mayor multitud jamás reunida en un partido de fútbol había sido sin duda un milagro, pero el milagro había sido más bien obra de un mortal de carne y hueso llamado Obdulio Varela. Obdulio había enfriado el partido, cuando se nos venía encima la avalancha, y después se había echado el cuadro entero al hombro y a puro coraje había empujado contra viento y marea.

Al fin de aquella jornada, los periodistas acosaron al héroe. Y él no se golpeó el pecho proclamando que somos los mejores y no hay quien pueda con la garra charrúa:

Fue casualidad —murmuró Obdulio, meneando la cabeza. Y cuando quisieron fotografiarlo, se puso de espaldas.

Pasó esa noche bebiendo cerveza, de bar en bar, abrazado a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro. Los brasileños lloraban. Nadie lo reconoció. Al día siguiente, huyó del gentío que lo esperaba en el aeropuerto de Montevideo, donde su nombre brillaba en un enorme letrero luminoso. En medio de la euforia, se escabulló disfrazado de Humphrey Bogart, con un sombrero metido hasta la nariz y un impermeable de solapas levantadas.

En recompensa por la hazaña, los dirigentes del fútbol uruguayo se otorgaron a sí mismos medallas de oro. A los jugadores les dieron medallas de plata y algún dinero. El premio que recibió Obdulio le alcanzó para comprar un Ford del año 31, que fue robado a la semana.

martes, 11 de agosto de 2009

Desde el estuario

Desde la orilla oriental del estuario voy a postear en este blog lo que considero lo mejor la producción artística del Uruguay.

Esto es la obra de los escritores, músicos, pintores, actores, poetas, dramaturgos, cineastas, bailarines, etc., que considero forjadores de lo que en el imaginario colectivo es el "ser uruguayo", o que han realizado una obra trascendental y de referencia en el acotado ambiente artístico de este país de cercanías.

Al contrario de lo que dice la moda, no voy a empezar por los más olvidados. No intento rescatar a nadie del olvido, por eso empezaré por los constructores de nuestra identidad actual. El primer post es un video de Alfredo Zitarrosa, interpretando El violín de Becho, milonga.

El sentimiento que transmite la milonga es, probablemente, el sentimiento más uruguayo que hay.





(*) omitir algunas chongadas que muestra el video clip. Se puede cerrar los ojos y escuchar solo la música.